Atravesar la niebla mental de mi ansiedad
Mi cuerpo avisa primero
La primera lección del curso de ansiedad, para que la pruebes antes de que abra. Se lee en unos diez minutos, sin registrarte.
Este curso acompaña y educa. No es terapia y no reemplaza la ayuda profesional ni la medicación. Si la ansiedad no te deja vivir tu día, o si piensas en hacerte daño, busca ayuda ahora. Colombia: Línea 192, opción 4 · Emergencias 123 (en Bogotá, también la Línea 106). En otro país, la línea de tu país.
Por qué existe este curso
«Todo comenzó en 2017. Un día fui al supermercado y, de repente, sentí que la tierra se me venía encima.»
— Stephie, creadora de Ojai
Antes de empezar
Qué es esta niebla

En este curso, la niebla es la niebla mental de la ansiedad: cuando la cabeza se llena de «¿y si…?», el cuerpo se prepara para algo que todavía no pasó y cuesta ver lo que sí está pasando. Ojai la atraviesa lección a lección, y te cuenta lo que va entendiendo.
Durante mucho tiempo pensé que la niebla era mi enemiga. Quería salir corriendo de ella.
Caminando, aprendí otra cosa. La ansiedad es una alarma. Una alarma que quiere cuidarme. Se enciende cuando algo me importa mucho y siento que no depende del todo de mí.
El miedo mira lo que tengo delante. La ansiedad mira todo lo que podría venir: se adelanta al futuro, para prepararme. Por eso a veces no encuentra dónde terminar. Mi mente recorre mañana, y pasado, y el año que viene. Y mi cuerpo se prepara para algo que todavía no pasó.
No es un error. Es el miedo trabajando de más. Ninguna emoción es buena ni mala: esta también trae un mensaje.
Lección 1
Mi cuerpo avisa primero
Antes de que yo sepa lo que siento, mi cuerpo ya lo sabe. Esta mañana me pasó. Caminaba sin prisa, el sol empezaba a salir y, de pronto, el pecho empezó a ir rápido. Todavía no había pensado en nada. Pero mi cuerpo ya había encendido la luz.
Antes, eso me asustaba mucho. Creía que algo malo me estaba pasando. Hoy sé que es mi cuerpo hablando primero.
Me ves azul bruma, y ese azul se nota aquí, en el pecho. El color no es lo que siento: es la señal que ayuda a tu mente a reconocer esta emoción antes de pensarla.
Cómo avisa el cuerpo
- La respiración se queda arriba, corta, como si no alcanzara.
- El corazón va más rápido. Los hombros suben. La mandíbula aprieta.
- El estómago se revuelve. A veces las manos se ponen frías o tiemblan un poco.
- Y otras veces pasa al revés: todo se siente pesado, lejano, como detrás de un vidrio.
No todos los cuerpos avisan igual. A algunos les avisa el estómago, con un nudo; a otros, la garganta, que se cierra un poco; a otros, el sueño, que no llega. Aprender el idioma de tu cuerpo es como encender una linterna en la niebla: te das cuenta antes, cuando todavía es pequeña.
Por qué pasa
El cuerpo tiene una alarma muy antigua. Sirve para cuidarte cuando hay peligro. Cuando se enciende, prepara todo para correr o para defenderte: acelera el corazón, sube la respiración para tener aire rápido, tensa los músculos y deja la digestión para después. Por eso se revuelve el estómago.
Esa alarma no distingue bien: se enciende igual con un peligro que tienes delante que con uno que la mente imagina. Mi mente creyó que algo malo iba a pasar. Y mi cuerpo le creyó.
Lo que sientes es real. Es incómodo. Y también es tu cuerpo intentando cuidarte. Cuando te asustas de lo que sientes, la alarma sube un poco más, y la sensación crece: es un círculo que da vueltas. Por eso, antes de pelear con el cuerpo, se aprende a escucharlo.
Con cariño: si sientes algo fuerte o nuevo en el pecho y nunca te han revisado, que lo mire una médica o un médico. Si el dolor es fuerte o nuevo, ve a urgencias. Eso no es exagerar: es cuidarte.
El gesto de la lección · unos 4 minutos
Mano en el pecho, cinco veces
Hay algo que el cuerpo entiende mejor que las palabras: soltar el aire más largo de lo que lo tomas. No borra la niebla, pero te devuelve un poco al ahora, y desde el ahora se puede mirar. Se puede hacer en una fila, en el carro o antes de una llamada difícil. Nadie tiene que notarlo.
- Busca una forma cómoda de estar: de pie, sentada o acostada. Si puedes, apoya los pies en el piso.
- Pon una mano sobre tu pecho. La otra puede descansar sobre tu barriga o en tus piernas. Siente el calor de tu mano y cómo el pecho se mueve debajo de ella. No tienes que cambiar nada todavía.
- Toma el aire por la nariz, sin forzar, y suéltalo despacio, más largo que como entró, como si empañaras un vidrio.
- Hazlo cinco veces. Deja que los hombros bajen con el aire.
- Después respira como tú quieras y deja la mano en el pecho un momento más.
Si en algún momento sientes mareo, vuelve a respirar normal. Aquí no hay que hacerlo perfecto. Quizá el pecho va igual, y eso también está bien: lo que hiciste fue escuchar a tu cuerpo, en lugar de pelear con él.
Un estudio de la Universidad de Stanford encontró que cinco minutos al día de respiración con la salida del aire más larga mejoraron el ánimo y bajaron la ansiedad en un mes.
Lo que repites, se vuelve camino.
Esta es la primera de doce lecciones. El curso completo abre próximamente, con video, audio y una hoja del cuaderno en cada lección. Si quieres saberlo primero, déjame tu correo.
Avísame cuando abra el cursoEste curso acompaña y educa. No es terapia y no reemplaza la ayuda profesional ni la medicación. Si la ansiedad no te deja vivir tu día, o si piensas en hacerte daño, busca ayuda ahora. Colombia: Línea 192, opción 4 · Emergencias 123 (en Bogotá, también la Línea 106). En otro país, la línea de tu país.